¿Qué es la abundancia?

Recién acabo de leer por tercera vez el libro titulado The Science of Getting Rich, un libro que desde que fue recomendado para mi y lo utilizo en cada uno de las sesiones que tengo, cada vez que hablo con alguien e inclusive en este momento estoy escribiendo de él.

En el libro, el autor narra la importancia de la abundancia, del pensamiento positivo (que tanto nos hace falta) y de la colaboración entre individuos. Pero hoy me centraré en la definición de la abundancia que ha marcado mi vida.

Durante mi vida, una idea constante ha estado en mi mente. El mundo es un mundo de competencia. Lo que yo tengo significa que alguien no lo tiene y lo que alguien tiene significa que yo no lo tengo. Viendo las Olimpiadas pensaba en ese punto en el cual sólo uno puede ser oro, otro plata y otro bronce. Esta idea para mi nunca me ha hecho mucho sentido, siempre pensé que la competencia era con uno mismo, motivado por el hecho que las competencias de poesía, de cuentos y otros temas que me gustaban usualmente resultaban en pocos que participábamos y sólo estábamos felices que alguien nos leyera. Al final, no hay Olimpiadas de escritura (aún).

Sin embargo, esta idea de la escasez se convirtió más fuerte desde que estudié en economía. La economía nos enseña qué todo es limitado, sino qué sentido tendría la oferta y la demanda. Estoy de acuerdo con esta teoría, sobretodo cuando hablamos de productos. El problema recién de la demanda de bienes a través de la falta de contenedores nos identifica que si será un problema que todos podemos comprar y que en efecto habrá escasez.

Lo que quiero enfocar el presente escrito es más hacia una visión de sociedad. Si pienso que vivo en un mundo de escasez respecto a oportunidades, entonces no me sentiré feliz al momento que un amigo consigue un trabajo porque es un trabajo que no podré tener. Si se nos casa un amigo o una amiga, resulta que es un hombre o una mujer menos en las probabilidades de con quién casarme. Si un año pasa entonces estamos en la escasez de años. Si no conseguimos el trabajo al cual aplicamos y lo consigue alguien más, entonces escasez de trabajo. Y así nos vamos, por la vida sin alegrarnos de los otros porque al final sentimos esa escasez en el corazón.

Y es que la pandemia nos golpeó a todos con la escasez. Y hay quienes tienen más golpes que los otros. Cada uno llevamos el corazón un poco lastimado por lo que fue y por lo que no. La graduación que no pasó, el viaje que dejamos en el camino, la sonrisa que falto, el plato vació en la mesa, la falta de trabajo y tantos otros escenarios. Entonces viene la idea que me ha repetido cercanamente una de las personas que más admiro en mi vida, “durante la pandemia nos ha faltado humanidad”.

Y es por ello que empecé a leer libros de pensamiento positivo, porque sí igual puedo pensar en lo que va a estar mal también puedo pensar que va a estar bien y curiosamente requiere la misma energía. Durante la pandemia yo me enfoqué en lo positivo pero lo negativo quedaba allí atrás. Ahora me levanto en las mañanas y pienso en que todo a va a salir bien, y curiosamente, sale bien. Sonrío más ante el espejo y trato de llevar esa felicidad a otras personas.

Esto es lo lindo de la abundancia, que no necesita competir sino compartir. El libro indica que si Dios pudo multiplicar los panes y los peces, hacer caer maná del cielo, saldar la deuda de Pedro, regresar la vista y tantos milagros, me dice que lo mio es para mi y que no se lo ha quitado a nadie. La forma más sencilla de esto fue ver ver mi árbol de limón favorito y ver cómo tenía limones para compartir. Que con los limones año tras año hemos podido hacer limonada, sazonar un pescado y tantas otras cosas. Si la naturaleza comparte, ¿no deberíamos nosotros estar diseñados para compartir?

Practicándolo día a día decidí cultivar felicidad en mi jardín mental. Así, cuando tengo una llamada, le doy un poco de mi siembra a quien no tiene felicidad. Así cuando estoy en una reunión le doy un poco a los demás para que les abunde. Al final, de la misma candela se pueden encender muchas candelas sin tener que perder nada.

Así que este libro me ha enseñado a cómo decidir feliz. A compartir mi felicidad. A que cada vez que alguien me cuenta de lo que ha conseguido, a alegrarme infinitamente porque Dios le creó esa oportunidad. A que cuando alguien esta experimentando felicidad, tener la conciencia que me a esta compartiendo su luz. A ver los limones en este árbol de limón que tiene la vida y alejarme de la idea que todos estamos compitiendo.

Así es este mensaje, desde un libro a lo que representó por mí. ¿Y qué tiene que ver con ser rico? Qué curiosamente el dinero es un instrumento, pero lo importante es la mentalidad con las que nos acercamos a lo que hacemos. Al final, tengo la belleza de ver abundancia en las empresas que dan trabajo, en las personas que pueden ayudar a otros, en la importancia de lo que pueden colaborar.

La lección es que que para ser rico, la felicidad debe ir primero como un caballo a la carreta y no como lo hemos visto durante los últimos tiempos que la carreta va frente al caballo, es decir que el dinero es el camino a la felicidad. La realidad es que la felicidad es el camino hacia mayor riqueza, de alma, de espíritu y bancaria.

En conclusión, seamos más humanos con el prójimo. Compartamos más de lo que competimos y finalmente, seamos luz. Y leamos más.

sinceramente,

Mauricio

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